Adviento 2015

El regalo mas grande que jamas recibirá nunca se encontrará debajo de un árbol de Navidad, es demasiado valioso para ser almacenado en otro lugar que no sea su corazón.

Este lunes 30 de noviembre celebramos en nuestro colegio el inicio del Adviento con una representación simbólica de lo que es su significado, se contó con la participación de los alumnos y papás de 4° B de primaria, a cargo de la maestra Irma Alicia Sánchez los cuales transmitieron el mensaje de la venida de Jesús con una representación del encendido de la primer vela de la corona de adviento y un canto alusivo.

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Término: Adviento viene de adventus (latín), significa : venida, llegada, termina el 24 de diciembre por la mañana. Forma una unidad con la Navidad y la Epifanía.

Color: En este tiempo se utiliza el color morado.

Sentido: El sentido del Adviento es avivar en los creyentes la espera del Señor.

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¿Qué es el Adviento?

Es el tiempo litúrgico marcado por las cuatro semanas antes de Navidad, en las que centramos nuestra mirada en la espera y preparación de la venida de Jesucristo. No se trata de hacer como una ficción consistente en simular que Jesús todavía no ha venido a nuestro mundo, e imaginarnos que somos la gente del Antiguo Testamento que esperaban la llegada del Mesías. Jesús ya vino hace dos mil años, y con su venida ha transformado nuestra historia y nuestra vida. Somos sus seguidores y hemos recibido su Espíritu para ser continuadores de su obra. ¿Qué quiere decir entonces, esperar y preparar su venida? Quiere decir varias cosas: en primer lugar, significa revivir la venida histórica de Jesús, quiere decir mirar hacia atrás, hacia ese acontecimiento trascendental sucedido hace dos mil años y revivirlo con toda la intensidad. Por eso en el Adviento nos preparamos para celebrar, con toda intensidad ese hecho decisivo para nuestra salvación: Dios se ha hecho hombre, ha venido al mundo a vivir como uno de nosotros, ha entrado en nuestra historia para librarnos del pecado y del mal, ha asumido nuestra naturaleza humana, nuestra carne, y ha hecho de ella vida plena, vida divina. Adviento significa en segundo lugar celebrar y abrirse a la venida constante de Dios, de Jesús, a nuestras vidas y a la vida de la humanidad, venida que se realiza ahora, en cada momento. El tiempo del Adviento nos ayuda a tener presente que Dios viene constantemente a nuestras vidas, a través de los acontecimientos y de las personas con que nos encontramos a diario. Todo hombre y toda mujer, todo acontecimiento que sucede es una llamada que nos hace Dios, una presencia de Dios que nos interpela. Finalmente, en el Adviento celebramos una tercera venida del Señor: es su última venida, la venida definitiva al final de los tiempos, cuando llegará a término nuestra historia humana y entraremos para siempre en la vida de Dios. Este es el horizonte final de nuestra existencia: compartir con toda la humanidad la vida plena de Dios. Jesús vendrá entonces y transformará definitivamente nuestro mundo y nuestras vidas para que sean para siempre vida de Dios, Reino de Dios.

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Las actitudes del Adviento

Las actitudes interiores que mejor nos preparan a esta venida se pueden expresar de la siguiente manera:

Mantenerse vigilantes en la fe, en la oración, en una apertura atenta y disponible a reconocer los “signos” de la venida del Señor en todas las circunstancias y momentos de la vida, y al final de los tiempos. Por la fe percibimos y reconocemos la presencia de Dios en los sacramentos, en su Palabra, en la asamblea litúrgica y en el testimonio de cada uno de los bautizados. La vigilancia nos pone en guardia ante el mal que nos acecha y nos invita a poner nuestra confianza en Dios que nos salva y nos libera de ese mal y que pasa por nuestras cosas.

Andar por el camino trazado por Dios, dejar de andar por caminos torcidos: “convertirse” para seguir a Jesús hacia el reino del Padre.

Dar testimonio de la alegría que nos trae Jesús salvador, junto con la caridad afable y paciente hacia los otros; estar abiertos a todas las iniciativas que busquen el bien común, a través de las cuales ya se construye el Reino de Dios.

Profundizar en el espíritu de oración: el Adviento invita a vivir más intensamente el espíritu de oración. Acercarse más al Señor que viene, desear su venida, poner ante él la debilidad de nuestra condición humana, reconocer que sin él no podemos hacer nada, compartir con él la vida que hemos vivido y descubrir en ella su presencia, compartir con él nuestras alegrías e ilusiones. Sin espíritu de oración, todo el camino de espera de la venida del Señor sería una cosa externa a nosotros, no llegaría a nuestro interior. Todo el Adviento tiene que ser vivido como un levantar el corazón a Dios, para que penetre muy adentro en nosotros su presencia salvadora.

Conservar un corazón pobre y vacío de sí mismo, imitando a san José, a la Virgen y a san Juan Bautista, los otros “pobres” del evangelio, quienes precisamente por ser así, supieron reconocer en Jesús al Hijo de Dios, venido a salvar a todos los hombres y mujeres. El Adviento también es tiempo de conversión, es reconocer que necesitamos de él. Implica una actitud de hambre y de pobreza espirituales, hambre de ser liberados de las opresiones y esclavitudes del pecado. Pobreza que nos lleva a sentirnos necesitados de Aquel que es más fuerte que nosotros. Disposición para acoger cada una de sus iniciativas.

Participar en la celebración eucarística durante el Adviento, significa acoger y reconocer al Señor que siempre viene a estar en medio de nosotros, seguirlo por el camino que conduce al Padre, para que con su venida gloriosa al final de los tiempos, él nos introduzca a todos juntos en el Reino, para ”hacernos tomar parte de la vida eterna”, con los bienaventurados y santos del cielo. El Adviento es tiempo propicio para escuchar la Palabra de Dios que nos invita a estar alerta: “Tengan cuidado: no se les eche encima de repente ese día y queden al margen.”

Despertar los sentimientos de alegría, esperanza y paz, aun en medio de las dificultades. Esta actitud va muy unida a la vigilancia. La segunda venida del Señor nos da alegría y paz y alimenta nuestra esperanza, mientras caminamos en este mundo. Porque sabemos que, pase lo que pase, siempre tenemos la confianza de que Dios nos ama y nos acoge a todos, pero especialmente a los pobres y a los que más han sufrido, y nos dará una vida nueva que nadie nos nos podrá arrebatar, no sólo individualmente sino a todos, porque todos los hombres y mujeres, la humanidad en colectivo, estamos llamados a la vida de Dios.

Actitud misionera: es hacer presencia de Cristo en el mundo. El hombre busca ansiosamente su razón de existir. A pesar del avance de la tecnología que ha facilitado mucho las comunicaciones, el hombre no ha llegado todavía al coloquio fraterno. Cada vez se siente más necesitado de la comunidad que se establece entre las personas. El cristiano debe ser signo de fraternidad y comunión, y testigo de Cristo en un mundo que, tentado por el progreso técnico y por el humanismo, a veces quiere emanciparse de Dios.

Cultivar la virtud de la paciencia: los primeros cristianos pensaban que la segunda venida del Señor se realizaría muy pronto y que ellos serían llevados, aún con vida, hacia la vida definitiva. Con el paso del tiempo al ver que esto no ocurría, los apóstoles y los responsables de las comunidades fueron descubriendo que había que tomar otra actitud: hay que pasar de la tensión del que espera el fin inmediato del mundo que dé seguidamente la salvación a la actitud de considerar la vida en este mundo como un camino hacia la plenitud que un día llegará. Es cierto que el Señor viene, que está cerca, pero no sabemos exactamente cuándo se manifestará definitivamente (cf. St 5,7-8; Mc 4,26-29; Mt 13,24-30).

Las dos partes del tiempo del Adviento

Un aspecto importante del Adviento es que litúrgicamente está dividido en dos partes. Esto se nota principalmente en la distribución de las lecturas. a. La primera parte del Adviento es la que va desde el primer domingo hasta el 16 de diciembre. Durante todo este tiempo, lejos aún de la preparación de la Navidad, las lecturas de la misa invitan a vivir la esperanza en la venida del Señor en todos sus aspectos: la venida salvadora al final de los tiempos, la venida salvadora ahora, cada día, y la venida salvadora que tuvo lugar hace dos mil años.

Estos tres aspectos se mezclan y son enfocados por las lecturas de los profetas y de los evangelios. Los primeros días del Adviento (hasta el miércoles de la segunda semana), el centro de interés de las lecturas está en unos textos tomados del profeta Isaías, leídos como primera lectura. Los oráculos de Isaías nos van guiando en la espera de la vida nueva de Dios que el Mesías viene a traer. Como complemento, el evangelio nos presenta un conjunto de escenas de la vida de Jesús que muestran que las profecías de Isaías se van cumpliendo en las palabras y los hechos de Jesús.

A partir del jueves de la segunda semana, el personaje principal de las lecturas es Juan Bautista. Desde este día hasta el 16, se leen trozos del evangelio en los que aparece Juan Bautista o se habla del significado de su misión como precursor del Señor. b. La segunda parte del Adviento.

Al llegar el día 17, cambia la escenografía del Adviento. Esta última semana se concentra en la preparación de la Navidad. El día 17 se dejan las lecturas que se venían haciendo según el orden semanal y se empieza el nuevo orden de lecturas que va según el número del día (17 de diciembre, 18…, etc.) Esta semana guarda una cierta semejanza con la Semana Santa que concluye la Cuaresma y conduce a la Pascua. Por eso algunos la han llamado “la semana santa que prepara la Navidad”. La liturgia invita a vivir estos días con mayor alegría, guiados por los personajes que vivieron con tan de cerca el acontecimiento del nacimiento del Mesías: María, José, Zacarías, Isabel, etc.

Los evangelios de estos días nos preparan ya directamente para el nacimiento de Jesús: se lee primero el capítulo 1 del evangelio de Mateo, luego las escenas del capítulo 1 de Lucas. Así se puede contemplar toda la preparación inmediata del cumplimiento de las promesas de Dios. Esas promesas de Dios, que se habrían de cumplir en Jesús, se leen en los pasajes del Antiguo Testamento, como la primera lectura. La Liturgia de las Horas también contiene muchos elementos que preparan para la Navidad.

Los cuatro domingos del Adviento

Los cuatro domingos del Adviento son la columna vertebral que ayuda a la vivencia de este tiempo. El domingo sentimos de manera especial que lo que vivimos a diario entra en contacto personal y comunitario con el Señor. Hay toda una pedagogía para vivir el tiempo del Adviento desarrollada progresivamente a lo largo de los cuatro domingos: el primer domingo se centra la atención sobre todo en la venida gloriosa del Señor al final de la historia para llevar a cabo la consumación de su Reino. El segundo y tercer domingos, el interés se centra el Juan el Bautista y nos apremian a preparar el camino del Señor, a estar atentos a su venida constante. El cuarto domingo se centra en la preparación de la fiesta ya muy cercana de la Navidad: María es la figura central, y su espera es el modelo y estímulo de nuestra espera. Ese itinerario está complementado por las primeras lecturas: en los tres primeros domingos, las primeras lecturas recogen las grandes esperanzas de Israel, y en el cuarto domingo también conducen junto con el evangelio a las promesas más directas del nacimiento del Hijo de Dios. Los salmos por su parte cantan la salvación del Dios que viene o son plegarias que piden su venida o su gracia renovadora. Las segundas lecturas,tomadas de las cartas de San pablo o demás cartas apostólicas, exhortan a vivir la venida del Señor. Una buena manera de vivir el Adviento será dedicar cada semana un rato a reflexionar sobre estos textos, sobre todo, las lecturas del domingo correspondiente. A continuación se presenta un esquema de las lecturas de estos días.

Fuente: HFIC “Ven y Sígueme”  http://hermanasfranciscanashfic.blogspot.mx/

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